miércoles, 23 de mayo de 2012

Cocineritos en acción...


Como parte de las actividades para estimular a los niñitos a aceptar y gustar todo tipo de alimentos, las salitas de 2, 3, 4 y 5 años preparan algún alimento que luego compartirán en el almuerzo.
¡Bon Apetit!

¡Así festejamos a San Luis Orione!

Junto a los niños del Jardín Padre “Roque Tonoli”, el martes 15 de mayo, compartimos una caminata por las calles de nuestro barrio, celebrando y alabando a nuestro Santo Fundador.

El miércoles 16 de mayo, Fiesta de San Luis Orione, fuimos invitados al Colegio Don Orione, donde participamos de un fogón con mate cocido y torta frita, ya en la Guardería, festejamos con un almuerzo festivo en su honor. Padre de los Pobres ¡Ruega por nosotros!

miércoles, 18 de abril de 2012

Centenario de los Votos perpetuos de Don Orione

Queridos Amigos: Un 19 de abril pero del año 1912, Don Orione emitía sus votos perpetuos en manos del Santo Padre Pío X en una ceremonia privada y emotiva. Una gracia grande que le proporcionó a nuestro Padre un gran consuelo en medio de las tribulaciones padecidas como Vicario General de la Diócesis de Mesina por aquel tiempo.
Él mismo recuerda en una carta dirigida a los Hijos de la Divina Providencia, ex-alumnos y bienhechores lo acaecido en la Audiencia con el Papa.



Carta confidencial a los Hijos de la Divina Providencia, a los antiguos alumnos y a los bienhechores
Tortona, Pentecostés de 1912.
Queridísimos en Jesucristo:
         El 19 de abril de este año será un día de eterna recordación. Eran las 12 cuando fuí introducido a la presencia de nuestro Santo Padre Pío X, en audiencia privada.
         Allí estaba él en su estudio, todo blanco y sonriente, de pie ante su mesa de trabajo, puesta en mí la mirada llena de dulcísimo amor. Yo sentía una apremiante necesidad de postrarme a sus pies y de escucharlo acerca de muchas cosas, a pesar de haberlo visto, pocos días antes, el Jueves Santo, 4 de abril cuando obtuviera asistir a su Misa y satisfacer mi vivo deseo de recibir la Comunión Pascual de sus veneradas manos. Así pues, me he arrodillado ante él con todo el amor de hijo, besándole afectuosímamente el Pie y la Mano. El Papa se sentó, y con toda su bondad de Padre quiso que me sentara a su lado y lo informase, y con mucho afecto pidió noticias, hasta muy detalladas, acerca de la naciente Congregación. También en esta ocasión, como siempre, se dignó mostrar un amor especial para con la "Pequeña Obra de la Divina Providencia", y en esto igualmente se evidencia la gran humildad del Vicario de Ntro. Señor Jesucristo. Yo me hallaba enteramente confundido ante tanta afabilidad; pero he podido referir lo que ustedes, oh mis queridos hermanos: sacerdotes, ermitaños y coadjutores, hacen con la ayuda que nos da la Providencia del Señor. Y obsevaba que el Santo Padre se conmovía grandemente y se interesaba por nuestra pequeñez, ¡querido Santo Padre! y por nuestra nada, y a cada buena noticia sonreía como quien escucha cosas que le satisfacen y se alegra de ellas en Dios. (...)
Acerca pues de muchas cosas tenía necesidad de conocer con claridad la voluntad de Dios, y por eso cuando me hallé ante el Santo Padre, sin abandonar la suma reverencia que se le debe, animado por su bondad he abierto al Papa el estado de mi ánimo, exponiéndole todo aquello que me parecía deberle decir. Y la palabra del Vicario de Jesucristo llegó hasta mí clara, precisa y plena de fe y de paternal bondad. (...)
          En aquellos santos momentos pues, viendo tanta confianza, tan paternal y divina caridad en el Santo Padre hacia la Pequeña Obra, yo he osado pedirle una gracia grandísima. 
         Y el Santo Padre me dijo sonriendo: - Veamos un poco en que consiste esta gracia grandísima.
Entonces le he expuesto humildemente como siendo fin principal y fundamental de nuestro Instituto el de dirigir todos nuestros pensamientos y nuestras acciones al incremento y a la gloria de la Iglesia; para difundir y arraigar primeramente en nuestros corazones, y luego en el corazón de los pequeños el amor al Vicario de Cristo, le rogaba, debiendo hacer los votos religiosos perpetuos, que se dignase en su caridad recibirlos en sus propias manos, siendo y queriendo ser este Instituto todo amor y cosa por entero del Papa.
         Y el Santo Padre, con cuanta consolación de mi alma jamás podré expresarlo, me dijo enseguida y con mucho placer, que sí. Le dí las gracias y la audiencia continuó. Pero ya terminada, pregunté a Su Santidad cuando creía que debiera volver para emitir los santos votos. Y entonces nuestro Santo Padre me respondió: "Pues enseguida".
         ¡Dios mío, qué momento aquél!
         Me arrojé de rodillas ante el Santo Padre. Le abracé y besé los pies benditos. Saqué del bolsillo un librito que los pequeños Hijos de la Divina Providencia conocerán, y que yo llevaba conmigo, presintiendo la gracia. Lo abrí por donde está la fórmula de los santos votos, página en que de ante mano había colocado una señal. Pero en aquel momento tan solemne y tan santo, recordé que, según las normas canónicas, sería necesarios dos testigos, y los testigos faltaban, pues la audiencia era particular y privada.
         Entonces levanté los ojos hacia el Santo Padre y osé decirle: - Padre Santo, como su Santidad sabe, se necesitarían dos testigos, a menos que su santidad se digne dispensar.
         Y el Papa, mirándome dulcísimamente y con una sonrisa celestial en los labios, me dijo: - "Harán de testigos mi Angel Custodio y el tuyo!..."
         ¡Oh, felicidad del Paraíso! Amado Señor Jesús, ¡cómo me has confundido por aquel poco de amor que, con tu gracia, te he tenido a Tí y a tu Vicario en la tierra! ¡Bendito seas eternamente, oh mi Señor, eternamente seas bendito!
         Postrado pues, a los pies del Santo Padre Pío X como a los pies mismos de Nuestro Señor Jesucristo (.....), he emitido mis votos religiosos perpetuos, y una especial y solemne promesa; un explícito y verdadero juramento de amor hasta la consumación de mi mismo y de fidelidad eterna a los pies y en las manos del Vicario de Jesucristo. (...) Y dos ángeles hacían de testigos; el ángel mismo de nuestro Santo Padre...
Antes de salir de la audiencia, he dado las gracias a Su Santidad desde lo más hondo del alma, y le he prometido que, con la ayuda del Señor, habríamos de rogar siempre por Él y por la Santa Iglesia: ¡qué estaríamos siempre con Él!, e imploré una bendición grande como grande es su corazón, como es el Corazón de Dios, no sólo para mí, sino también para ustedes, oh queridos Hijos míos de la Divina Providencia: Sacerdotes, ermitaños, clérigos y coadjutores todos; para ustedes, queridos y pequeños trabajadores de nuestras Colonias agrícolas; y para ustedes, mis siempre inolvidables y queridísimos antiguos Alumnos de todas las Casas. Y el Papa los bendijo a todos tiernísimamente. (....)
         ¡Ah, que la memoria de Pío X se conserve siempre y pase en bendición entre todos los Hijos de la Divina Providencia! (....)
         Participemos vivamente de las alegrías de la Iglesia y del Papa; de los dolores, las esperanzas y los temores de la Iglesia y del Papa, sintiendo en todo y por todo con la Iglesia y con el Papa.
         ¡El Papa! ¡He aquí nuestro credo, y el único credo de nuestra vida y de nuestro Instituto!
                         Sacerdote LUIS ORIONE
                          de la Divina Providencia

domingo, 4 de marzo de 2012

Recordando a nuestra querida Hermana María Daniela

Hoy, alrededor de las 15 horas, nuestra Hermana María Daniela Dalseggio fue llamada a la Casa del Padre para compartir con Jesús (como nos decía el Evangelio de hoy) su experiencia de transfiguración. María Daniela fue la primera vocación que surgió de Barranqueras para seguir al Señor en la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad. Justamente la recibió la Hermana María Imelda, una de las tres fundadoras de nuestra comunidad en esa ciudad.
Docente de profesión y de alma siempre estuvo abocada a la educación de los niños en las distintas comunidades donde la Providencia la fue destinando a lo largo de su vida religiosa.
En la misma comunidad de Barranqueras le tocó estar en varias oportunidades, muchas de ellas como Superiora de la Comunidad.
En los últimos años acompañó muy de cerca a los laicos del Movimiento Laical Orionita infundiéndoles ese amor inigualable que sentía por Don Orione y su carisma. Siempre jovial, amable y atenta a las necesidades de todos cuantos la rodeaban, especialmente nosotras, sus hermanas de comunidad, ejerciendo con paciencia y dedicación el apostolado de la escucha y de la presencia fraterna. Mujer de oración profunda, su horario preferido para rezar era el de las 15 horas, cualquiera de nosotras que acudiera a la Capilla en ese momento se encontraba seguramente con ella.
La obediencia a sus superioras fue una de sus virtudes características mostrándose siempre disponible y generosa. Dice en una parte del artículo 40 de nuestras Constituciones: "Amemos la obediencia a ejemplo del Divino Salvador que la practicó también en las cosas difíciles, hasta la crucifixión. Si la gloria de Dios, el amor a la Iglesia y al Instituto lo requiriesen debemos obedecer, con la divina gracia, hasta dar la vida, felices de hacer de ella una ofrenda al Señor..." Y nosotras damos fe de que en su vida, sobre todo en este último tiempo, ha dado testimonio de ello, especialmente cuando a mitad de año debió partir hacia Córdoba para acompañar a la comunidad del Pequeño Cottolengo y cuando, una vez detectada su enfermedad, asumió con serenidad su traslado a Buenos Aires para continuar su tratamiento.

Querida María Daniela, que tu ejemplo de vida religiosa transfigurada por el amor de Jesús y reflejada en los pequeños gestos cotidianos, sea para nosotras un motivo para seguir creyendo que la santidad es posible.
Nos dice Don Orione:
"Nosotros hemos tenido cohermanos muy virtuosos. Nuestra Congregación tiene sus muertos, aquellos que nos han precedido, las vanguardias que cayeron, los héroes que abrieron el paso, los primeros valientes que han trazado el camino, la tropa de aquellos que han trabajado y sufrido en la época heroica de la Congregación. Desdichadamente no hemos tenido tiempo de escribir, aunque sea brevemente, sus vidas. Si no hemos escrito, no por eso se ha venido a menos nuestro afecto. Si el Señor me da la gracia de tener un poco de tiempo a mi disposición, quiero escribir la vida de estos santos cohermanos que nos han precedido para consuelo de cuantos vendrán tras nuestras filas. Algunos de estos sacerdotes nos han dado ejemplos luminosos de vida santa, ejemplos de virtud heroica.
Debemos, oh queridos hijitos, esforzarnos por seguir sus huellas, los ejemplos de su vida, vida de sacrificio, vida de trabajo, vida de religiosos serenos frente a la enfermedad que no perdona, serenos y alegres de cumplir la voluntad de Dios.
Son hermanos, aquellos que nos han precedido, hermanos que hacen sentir su ayuda de modo patente, y que en algún modo, han fortificado nuestra esperanza; hermanos que gozan ya de la gloria de los santos y que están esperándonos en las puertas de la eternidad.
Tantos coadjutores, hermanas, clérigos y  sacerdotes nuestros han muerto en concepto de santidad. Ellos nos amonestan, y la amonestación se vuelve a mí en primer lugar: que si queremos, en la Congregación podemos, verdaderamente, hacernos santos..."